Viaje a Barcelona (I)

Tal y como comenté, aquí sigue el resumen del viaje a Barcelona.

La idea era estar en el “sitio” a las 10:30, por lo que entre pitos y flautas, debíamos coger el avión de las 8:15, lo que implica estar en la T4 una hora antes.

Al bajar de casa, el taxi ya está en la puerta (como de costumbre con estos del radio taxi de Tres Cantos. Da igual lo pronto que bajes, ellos ya estarán ahí tirando de taxímetro).

Una vez en la dichosa terminal, compruebo con estupor que en las máquinas de auto facturación no aparece mi código de reserva… Afortunadamente, no eran esas máquinas las que había que consultar, y siguiendo una especie de anagrama de tres líneas curvas, llegas a la parte del puente aéreo.

Debido a las absurdas normas de seguridad, casi es necesario desnudarse para pasar el control. Creo que en breve, tendremos que meternos de cuerpo entero en el scanner. El portátil, hay que sacarlo de la funda, y mi pregunta es, si el scanner ve la bolsa como transparente, ¿para qué?. También hay que quitarse la chaqueta (sí o sí, da igual si pita), el cinturón, reloj… menos mal que no los anillos (imagina que no salen, ¿te cortan el dedo?). Aquello parecía aquella peli llamada “Fortaleza Infernal“, sólo que si te sales de la línea amarilla no te da calambre (creo que es la siguiente medida, no sin antes pasar por la privación sensorial hasta llegar al destino).

Una vez pasados los abusivos y humillantes controles, llegas al aparato, donde la tripulación te saluda (sólo faltaba que dieran un par de besos). Supongo que por eso de justificar la sablada. Guardas todo en la cajonera de arriba, hasta la chaqueta (que llegará hecha un burruño), no sea que haga peligrar la vida por tenerla bien puesta en el regazo y… ¡a volar!.

Resulta lamentable ver los gestos de las azafatas con la explicación de los chalecos… si fuese lenguaje de signos lo entendería, pero los gestos que hacen deben resultarles humillantes. A mi me daba vergüenza ajena. Luego, por megafonía salduban a los pasajeros de Iberia Plus… al resto que nos den.

Una vez en la pista, ¡el subidón!. El piloto aprieta el acelerador a fondo, lo que me recuerda a “El Coche Fantástico” cuando Michael Knight activaba el Turbo Boost, le salían alerones al carro y se quedaba pegado al asiento.

Viaje de ida

El vuelo son menos de 40 minutos, en los que puedes estar menos de 30 sin cinturón, momento que aprovechan para tratar de colarte algún supuesto manjar de “Fast Good” por precios desorbitados. También tienen tienda, para comprar un bolso o unos pendientes de “Folli Follie” (realmente gracioso el nombre).

Finalizando el vuelo, llegamos a la TC, la terminal del puente aéreo en Barcelona, de la que no tardamos ni 5 minutos en salir, pues es más de andar por casa que Barajas.

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