¡Ha sido un momentín!

Eso debió pensar el vigilante de seguridad del sitio en el que he estado las últimas dos semanas “desplazado”.

Estaba en mi puesto de trabajo, cuando veo que entran un par de tipos. Uno sigue hacia dentro y el otro se queda en la pradera donde estoy y comienza a decir algo en otro idioma, a la vez que hacía un gesto: llevarse comida a la boca.

Al principio, no comprendí nada. Pensé incluso que era un operario y no localizaba al responsable para saber qué hacer, pero me extrañaba, pues no hablaba en español. Al momento, se levanta uno de los que están en la pradera conmigo lo agarra y le grita que se vaya y pide que localicen al otro que casi se ha metido en el CPD.

Resulta que eran un par de mendigos, posiblemente del este, que aprovechando el cambio de vigilante se han colado dentro a ver si caía algo. Lo gracioso es que es la segunda vez que pasa.

Unos días más tarde, yo mismo probé a hacer lo mismo, pero esta vez con vigilante incluído y sin llevar la acreditación encima y visible, entre con sólo dar los buenos días.

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