Desde Seattle (III)

El viernes fue el último día en Seattle, así que el día anterior, fuimos a “celebrarlo”, o visto de forma profesional, hacer “team-building”.

Otra vez más, más whisky shots, eso sí, no cualquier cosa, sino Jameson.

El viernes, de camino al aeropuerto, fuimos a Costco, una especie de Makro, pero con electrónica, y a Fry’s, un megastore de ordenadores. Aproveché para comprar un disco duro externo y un maletín-trolley para el portátil muy majo y tirado de precio.

Para comer, fuimos a un Jack in the Box, una cadena de hamburguesas, para probar la auténtica comida basura (pues las otras que he comido eran en sitios “buenos”). Para beber, no sabía si una “root beer” o un Dr. Peeper, decidiéndome por el último, el cual tiene un sabor a piruleta muy extraño.

El vuelo salía a las 18:40, así que antes, para no levantar sospechas, tiramos todos los embalajes de los productos y pasar por aduanas como usados. Una tontería, pues mi vuelo a Londres, no pasé por ninguna (era una conexión entre vuelos) y al llegar a Madrid, por ser vuelo Europeo tampoco.

Como en el vuelo de ida, lo primero que hice fue cambiar la hora del reloj y tratar de hacer lo mismo que haría en ese momento. De las 18:40, pasamos a las 3:40 de la mañana, así que tocaba dormir, lo que se hizo complicado, pues pasan para darte la cena y tenía otra razón importante para tratar de no dormir: Como el vuelo pasa por la bahía de Hudson y Groelandia, así que sabía que podría ver la aurora boreal. Fue alucinante, me desperté tras varias horas de vuelo, abrí la ventana y ahí estaba, ese resplandor fantasmagórico, en mi caso verdoso, con un suave moviemiento. Realmente increíble.

El vuelo llegó a las 12:15 a Heathrow, a la terminal 5, asi que tocó coger un autobús interno del aeropuerto hasta la terminal 3. Si la aurora boreal fue increíble, ver a Stephen Hawking pasando por la terminal casi más. Me habría acercado por un autógrafo, pero, no creo que fuese oportuno.

Ya de vuelta, tras más de 15 horas de viaje, cada segundo de más, al esperar la maleta, al metro, al tren se me hacía insoportable, además, tenía la cabeza como un bombo y un ataque de alergia (ojos colorados, aunque el izquierdo como un tomate por el champú).

En cualquier caso, ya estoy en casa, una aventura muy interesante, ha conocido al resto de mis compañeros y al CEO, he estado en la sede de mi empresa y un poco de turismo (nocturo) por Seattle. Es llegar y ya estoy deseando volver.

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