Otra vez en Den Haag (La Haya)

Esta semana tuve un training en las oficinas centrales de mi empresa en Europa, situadas en La Haya. Pese a ser de miércoles a viernes, fui el martes a primera hora, así que en total he estado cuatro días por allí.

El avión de KLM despegó media hora más tarde de las 6:00 a.m. previstas, bastante temprano, pero con eso me aseguraba a estar allí a las 10:00 como muy tarde. El retraso fue debido a un pasajero algo conflictivo, al cual finalmente no le dejaron volar, pero como sus maletas ya estaban en la bodega, hubo que buscarlas para evitar enviarlas a Schiphol. Al no ser Iberia ni low-cost, sí dan comida, lo que se agradece, pues había salido de casa con tan sólo un colacao y me había pateado todas las terminales para buscar un cajero automático, el cual resultó ser único y de un banco distinto al mío.

Llegado al aeropuerto ya me estaban llamando del curro mientras trataba de sacar un billete para la estación central de La Haya. Como todo está en nerlandés, se hace algo complicado entender los carteles. Ya en el tren, con más tranquilidad, fui disfrutando del viaje ya que las otras veces que lo había hecho, era de noche. Además, como el día era muy bueno, fui andando desde la estación a la oficina. La última vez vi todas las bicicletas en el parking de la estación, pero esta vez me pude fijar con más detalle: no están atadas a nada, simplemente con la rueda trasera bloqueada. Además, les dejan todos los accesorios puestos (alforjas, sillines…). Esto en España es impensable de la cantidad de miserables que, aunque no les valga, son capaces de robar hasta los tornillos.

A lo largo del martes, fueron llegando los compañeros, con quienes finalmente quedamos en el restaurante del Museon, para tomar ya la pimera copita. De allí, ya fuimos a la playa, a un garito muy chulo, con camas en la arena, estilo club de alto standing. Como entrante, nos pusieron como un pan recién hecho, parecido a un torta, con una crema de marisco y aceite y sal para mojarlo. Una vez tuvimos mesa libre, ya nos sentamos para cenar, donde cayó un hamburguesa muy interesante. De allí, nos fuimos al Crazy Pianos, uno de los bares más conocidos del paseo marítimo, con música en directo y dos pianistas. La piña colada no estaba nada mal. Lo único raro del sitio es que cobraban por ir al baño, pero es algo que no estaba especificado, así que, una vez hice uso del baño, al salir me pretendían cobrar, pero al no llevar los 50 céntimos que requería (ya sabéis que no me gusta el “cobre”), me dejaron salir.

Al día siguiente, tras el training, fuimos a cenar a un tailandés, el cual tenía un menú de cuatro platos muy interesante, aunque la sopa picaba bastante. Tras la cena, nos fuimos a una especie de puerto, aunque en realidad se trata de la terminación de un canal donde había barcos relativamente grandes. Allí nos tomamos un cafetito y comenzaron las rondas de Jameson… Lo bueno es que había WiFi gratis, así que pude hablar con Alicia, quien incluso habló con un compañero. Por cierto, para pagar las rondas, recurrimos a la tradición: jugar a los chinos, o como ellos los llaman, al “spoofing”.

El jueves fue la traca final: cenamos en una marisquería: de primero crema de langosta y de segundo un solomillo para ponerse a llorar: era como cortar mantequilla con un cuchillo caliente. De postre, poco sitio me quedaba, así que un cafetito irlandés (con Jameson, por supuesto). Siguiendo la tradición, otra vez el spoofing… quedé “finalista”, pero me libré en el último momento. Al jefe del compañero que le tocó pagar, le enviamos todos a la vez un SMS dándole las gracias por la excelente cena. Al salir de allí, nos fuimos a la playa, pero esta vez muy alejada de la cuidad, a un chiringuito con muy buena música ambient, con pequeñas antorchas de queroseno y unos buenos sofás para sentarse. Como de costumbre, los Jameson empezaron a correr como el agua. En la última ronda, ya exigí un red-bull, que aunque tiene mucha cafeína, también tiene vitamina B-12 que ayuda a “quitarse de encima el alcohol”. Una vez en el hotel, yo me quedé, pero otros compañeros, por aquello de ser la última noche, decidieron seguir de fiesta.

Al día siguiente, despertarse fue duro, pues además tenía que preparar la maleta para salir directamente de la oficina al aeropuerto. Hubo un compañero que se durmió, aunque pensábamos que el segundo mojito le había causado la muerte. Al llamar a su habitación desde recepción nos confirmó que seguía vivo, pero tuvo un parpadeo un poco largo entre que le sonó su despertador y recibió nuestra llamada preguntando por él.

De la oficina salimos cinco hacia el aeropuerto en taxi, pues aunque es caro a rabiar, al ser cinco, no sale mucho más caro que en tren. Una vez allí, traté de cambiar mi vuelo, pues llegamos a las 17:00 y mi vuelo salía  las 20:55… Al final, debido a una conference con un cliente a última hora, no cambién el vuelo, lo que me dio tiempo a ver con calma el aeropuerto y jugar al “Día del Tentáculo” en el scummvm del móvil. Con tanta espera, evidentemente fui el primero en entrar al avión tras la gente preferente/business y las familias con niños pequeños. Además, venía el avión lleno de niños de varios equipos de fútbol filipinos, con unas pedazo de bolsas con todas sus cosas.

Cuando ya parecía que estábamos a punto de aterrizar, justo antes de tomar tierra, ya encima de la pista, el avión volvió a acelerar y subió de nuevo, haciendo una pasada estilo TopGun por la pista. Dimos la vuelta por encima de Alcalá para volver a enfilar la pista, donde a la segunda llegó la vencida. Había un poco de viento que dificultó el primer aterrizaje.

Una vez en tierra firme, pitando hacia el parking a por el coche y a casa, a vegetar y reposar, que tras tanto movimiento ya venía bien.

Las fotos, como siempre, a continuación:

http://picasaweb.google.com/s/c/bin/slideshow.swf

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4 thoughts on “Otra vez en Den Haag (La Haya)

  1. La verdad es que si… Ya me empiezan a apretar los pantalones.

    De todos modos, no te pienses que me paso el día de juerga, sino que en el blog comento lo que no está “clasificado”.

    Si quieres detalles turbios, invítame a tu casa y te los cuento con una buena copita de Jameson 🙂

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