De crucero (VII)

El barco atracó en el puerto de Progreso, muy cerca de Mérida. Compramos la excursión a Chichén Itzá, un complejo maya, quizás de los más importantes. Nos tuvimos que levantar muy temprano, pues la salida del barco para ir al bus era a las 7:15 debido a la distancia a la que se encuentran de Progreso, unas dos horas.

La verdad es que me costaba mucho mantener los ojos abiertos, pero estábamos al lado del guía y me daba cosa dormirme mientras él seguía contando cosas sobre la zona. Al final, paramos muy cerca de las ruinas, en Pisté, donde nos llevaron a la tienda típica y pudimos hacer una parada para ir al baño.

Ya en Chichén Itzá, nos dieron las pulseras de acceso y pasamos dentro. Por suerte, había un grupillo que no hablaba español, así que nos acoplamos a ellos y fuimos con el guía en Inglés pero a cambio con un grupo muy reducido. La verdad es que el guía estuvo muy atento con nosotros y cuando la excursión terminó nos siguió contando cosas. Finalizado el tour guiado, nos dejaron cerca de dos horas para que siguiésemos dando una vuelta por libre. De las pirámides fuimos al “Observatorio”, el cual, pese a ser construido por los Mayas, se ve totalmente actual, con la típica cúpula en la que sólo falta que se asome un telescopio. Como las ruinas son totalmente distintas a lo que estamos acostumbrados por aquí, aderezado con el misterio de los Mayas (que si son extraterrestres, que si el fin del mundo será en 2012, las deformaciones de cráneo que se hacían…) lo hizo tremendamente interesante.

De vuelta al barco, no pude evitar echar una cebezadita, cuando me desperté al parar el bus debido a que un accidente de tráfico se produjo justo delante de nosotros. El coche no quedó nada bien, pero al conductor no le pasó nada y seguimos adelante.

De llegada al puerto, aprovechamos rápidamente con las tiendecillas, esta vez más interesante pues tenían tecnología (relojes Casio, linternas MagLite, etc…)… ¡por fin tiendecillas para hombres!, ya estaba harto de ver tantos cacharritos de plata.

El espectáculo de la noche consistió en un “Homenaje a los Beatles” y terminó con una especie de despedida lacrimógena con frases del tipo “llegaron como clientes y se van como amigos” y cosas así, otra vez toda la plana del barco en el escenario para decirnos adiós y luego, en la cena, los camareros también se despidieron de nosotros. Lo dicho, para los amantes del pedorreo, el crucero es su sitio.

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