Vacaciones de verano 2010 (V)

Hoy domingo es el día que llegan el resto de compañeros y cuando tenemos que cambiar de hotel, pasando del Golden Tulip al Bilderberg.

Lo que hicimos fue el check out del primero y dejamos las maletas en el otro, pues además llevaba una de los equipos de mi empresa para el curso que tendría de lunes a miércoles y estar todo el día por La Haya cargado no suena divertido.

Vista desde el balcón del Hotel Bilderberg de La Haya

Vista desde el balcón del Hotel Bilderberg de La Haya

Ya sin maletas y en la zona de Scheveningen, comimos en un restaurante un buen schnitzel, volvimos al hotel a dormir la siesta y darnos cuenta que era mucho mejor el otro… Este no tiene aire acondicionado (¿para qué en Holdanda?) y hacía mucho calor en la habitación, pues era un último piso al que daba el sol todo el día.

Ese día era además el día de la final de fútbol, España-Holanda, así que podréis imaginar que el ambiente andaba calentito. Ya en el paseo martímo, coincidimos con un compañero de Alemania y nos fumos a cenar al Crazy Pianos, donde se incorporaron más compañer@s. De ahí, ellos se fueron a ver el partido (pues empezaba ya y a nosotros nos tenían que traer todavía más platos) y la idea era reunirnos con ellos, pero la cosa no fue posible, ya que la pantalla gigante estaba hasta arriba y no había forma de acercarnos. Estuvimos dando una vuelta por el muelle, donde tienen una torre para hacer bungy jumping. Desde allí, veíamos a los holandeses emocionarse inútilmente con el partido…

Muelle en Scheveningen

Muelle en Scheveningen

Como nos aburríamos, nos fuimos al hotel y allí ya estaba el compañero de Francia y luego apareció el de italia. Por cierto, también había un grupo de españoles que al parecer eran del equipo olímpico de vela.

Tras unos buenos copazos, nos fuimos a dormir, que al día siguiente había que estar a tope para el curso.

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Vacaciones de verano 2010 (IV)

Tras ver Amsterdam y Utrech, hoy tocó La Haya, pero en profundidad.

Fuimos al centro y entramos a una exposición de Escher, donde además de ver sus obras, había composiciones con ordenador que te ayudaban e enternderlas. Allí además, nos hicimos una foto con una sala trucada donde pareces un gigante y la otra persona pequeña a tu lado:

Alicia y Alberto in het Palais

Alicia y Alberto in het Palais

Tras pasar casi toda la mañana en el museo, fuimos a comer y qué mejor que un arenque crudo que venden en puestos callejeros. En el momento, el quitan la cabeza, las tripas, escamas y espinas, para ponerlo en un típico pan de perrito caliente con cebolla. Pedimos uno a trozos en una bandeja para probarlo y luego ya un par de perritos calientes con arenque en vez de salchicha.

Ya de allí, como nos sobraba un ticket del Amsterdam Pass, fuimos al museo del libro, pero no estaba nada pensado para turistas, así que todo en holandés y apenas extensión (no más de cinco salas). Allí, en la cocina del museo, nos tomamos un café y salimos hacia Madurodam.

Alicia había estado allí de pequeña y no podía irse de Holanda sin volver a verlo. Realmente, podrías ver toda Holdanda en unas horas. Tienen los monumentos más representativos en escala 1:25, por lo que podías ver las casas, los barcos, aviones, casco históricos… en pequeñito. Incluso había alguna maqueta donde echabas monedas y se ponía en marcha. Algunas incluso te hacían un reglao, como la fábrica de zuecos (unos zuequitos de llavero) y la fábrica de Mars (una chocolatina).

Exterior de Madurodam

Exterior de Madurodam

Dentro de Madurodam

Dentro de Madurodam

Como por la noche hay un espectáculo de luz, fuimos muy, pero que muy despacio, aunque terminamos viendo todo demasiado pronto. Aprovechamos para cenar allí, en el restaurante que tienen dentro a un precio muy razonable (podrían aprender de allí algunas atracciones en España que te obligan a comer dentro…). Una vez cenados y haciendo todavía más tiempo en la cafetería, anuncian por megafonía que debido a la tormenta que se avecina, ese día se cancela el expectáculo, así que nos fuimos de allí (eso sí, nos dieron un ticket para entar al día siguiente).

De todos los días que estuvimos, ese fue el único que nos llovió… y a lo bestia además. ¡Menuda tromba de agua!, con rayos incluidos. Fuimos corriendo hacia un autobús, como dos pollitos desvalidos y el conductos nos indicó muy bien cuál era el mejor recorrido para llegar secos al hotel.

Vacaciones de verano 2010 (II)

Tras el desayuno, nos fuimos a Amsterdam, no sin anécdotas: La primera de ellas en el tranvía para ir del hotel a la estación… tras esperar un rato, nos damos cuenta que el que vimos pasar era el último (simpre hay que mirar en la parada el horario, cada cuánto pasan) hasta por la tarde que se reanuda esa línea.

Una vez en la estación, tratamos de cargar la ChipKaart en uno de los cajeros automáticos que hay. Pues bien, por algún misterioso motivo, parece que Visa o Master Card no se acepta, así que se termina tragando mi visa. Lo primero que hacemos es hablar con el personal de la estación, pero no tienen  las llaves del cajero y tienen que esperar que vengan de Utrech a examinar la máquina. Reinician la máquina a distancia, rearranca el sistema pero la tarjeta sigue sin salir… Al final, llamé al ING para que me la bloqueen y procedan con una nueva. Lo gracioso es que además me quieren explicar las promos y les tuve que cortar… ¡que las llamadas en roaming son una pasta!.

En tren

En tren

Ya en Amsterdam, en la Estación Central, salimos hacia los canales, para coger uno de los barcos hop-on/hop-off que van por los canales, una especie de autobús en los que adquieres un bono diario que te deja bajar y subir tantas veces quieras.

Desde los canales, en un hop-on/hop-off

Desde los canales, en un hop-on/hop-off

La primera parada fue en el Museo Van Gogh, muy cerca del famoso Rijks Museum. La verdad es que no nos gustó nada y eso que llegamos justo en un momento donde no había apenas gente. Los cuadros que más nos gustaron era de coetáneos suyos, pero no del propio Van Gogh. Creo que lo suyo es un “querer y no poder”, pues todas las caras parecía la misma aunque se suponía pintaba a distinta gente. Uno debe darse cuenta de que no sirve para algo y enfocar sus energías en otra cosa (como a mi con la música…).

I am sterdam

I am sterdam

Tras, y aunque suena duro decirlo, perder el tiempo con Van Gogh, fuimos a comer. Encontramos una panadería/pastelería a precio razonable y con comida típica: sopa de tomate, sopa de cebolla y unos sadwiches (o bocadillos, ya que no era pan de molde) que los hacían en el momento.

Tomatensoep... sopa de tomate

Tomatensoep... sopa de tomate

De allí, más hop-on/hop-off hacia la Casa de Rembrandt. Ahí pudimos ver cómo se hacen los grabados, donde las láminas de cobre, untadas con una especie de cera y resia, se raspan para quitar dicha capa protectora y meterlas en ácido, que se come el metal salvo la zona protegida. Una vez limpia la placa, sin cera, se entinta y se usa para imprimir láminas de papel con una imprenta de rodillo. Además vimos cómo vivían en aquella época y las mini-camas armario que usaban y su estudio, lleno de todo tipo de cacharros.

Paseando por los canales

Paseando por los canales

Al lado, estaba la fábrica de diamantes (o mejor dicho, los que pulen las piedrillas) Gassan, donde en un grupillo pequeño, nos enseñaron cómo tallan los diamantes, luego, nos encerraron en una sala y mediante tubos neumáticos, nos enseñaron un muestrario. Aprovechan también para venderte algo, a lo que supongo precios “de amigo”, pero como no es un tema que controle, tampoco quería picar de incauto, así que nos fumos sólo con un imán típico para la nevera.

Diamantes, diamantes, ¡diamantes!

Diamantes, diamantes, ¡diamantes!

De allí, al barrio rojo y sus put.. digooo coffee shops… mejor dicho liberalidad. Serían las 18:00 y algún que otro garito ya tenía el farolillo colorado encendido y el escaparate con su “muestrario”. La verdad es que me daba cosa mirarlas, pues te miran cuando las miras y me hacían sentir como un pervertido… Al pasar por algún Coffee Shop se podía oler el aroma de dentro. Es una pena que mucha gente vaya por allí sólo por eso (como pudimos ver en el aeropuerto al volver). Aprovechamos para cenar (sí, a las 18:30) en un chino y la verdad es que muy bien.

En el Barrio Rojo

En el Barrio Rojo

De vuelta a La Haya, nos fumos andando hacia el centro y paramos a tomar un mojito en el Havana, un cubano que hay muy cerca del parlamento, donde alguna vez he ido con los del trabajo (que luego no diga Alicia que no la llevo a donde voy con los “amigotes”).

En la Habana de La Haya

En la Habana de La Haya

Con todo el día andando ya nos fuimos al hotel, pues al siguiente también nos tocaría andar y había que estar descansados. Por cierto, al llegar al hotel descubrí la sorpresa que me estaba avisando desde el pie: una ampolla de dimensiones excepcionales en el dedo meñique.

Más ampolla que dedo meñique

Más ampolla que dedo meñique

Vacaciones de verano 2010 (I)

Como ya va siendo habitual, otra vez más tengo que excusarme por no escribir nada… pero como siempre, hay motivo: las vacaciones (¡por fin!).

Al igual que todo final de trimestre (junio), un poco liado, buscando cerrar todos los posibles negocios y, junto con el comienzo en los primero días de las reuniones sobre qué hemos hecho bien, mal, futuras acciones y planificación en general. Ese primer fin de semana la verdad es que no hicimos nada remarcable, por eso no escribí nada, pero luego con la llegada de las vacaciones, sin un PC cerca y mi manía de postear siempre a posteriori, ha hecho que me retrase un poco.

Las vacaciones llegaron el día 7 y, la verdad, con un destino no previsto: Holanda. En los últimos días del trimestre, me surgió un curso en la oficina central para Europa, situada en La Haya. Esos días ya los tenía pedidos, así que, los tres días del training los cancelé para poder asistir y poder ir a mitad de precio (a mi me pagan el vuelo y el hotel).

Avión en Schipol

Pues bien, ese día, el vuelo salió a las 6:50, bien tempranito, para llegar a Schipol (Amsterdam) a primera hora. De allí, estuvimos mirando cuál era la mejor forma de ir a La Haya (sería nuestra base de operaciones esa semana) en tren y ver qué clase de bono turista nos salía más a cuenta, preguntando en la propia oficina de turismo del aeropuerto. Al final, nos compramos la OV Chipkaart, recargable en cajeros especiales y luego, mediante proximidad la pasas en los distintos medios de transporte: tren, metro, buses… Su funcionamiento es sencillo, pues se pasa antes de entrar al tren o en los lectores del bus/metro y te cobran lo máximo (20€ en tren, por ejemplo). Luego, cuando sales, la vuelves a validar y te devuelven lo que sobre de tu trayecto. Es decir, si haces el “truco” de pasarla una vez, entonces pagas lo máximo. También, los revisores van provistos de una PDA para comprobarlo. Además, los precios pagando con dicha tarjeta son más ventajosos que comprando directamente el ticket. La única pega es que tienes que tenerla cargada con suficiente dinero para que puedan cobrarte el trayecto máximo aunque luego te devuelvan.

En el tren, desde el aeropuerto a Den Haag

En el tren, desde el aeropuerto a Den Haag

En plan turístico, está la Holland Pass, donde hay varias categorías, cogiendo la más cara, la XL, que incluía tickets A, B, C, D, E y XL. Esta tarjeta se acompaña de un libro, donde en las diversas ciudades de Holanda, te indica las atracciones que puedes visitar y qué clase de ticket es necesario. Las más caras son tickets A, B y XL.

Alicia quedó impresionada con el conocimiento del Inglés de allí; puedes hablar con quien sea que sin problema podrá responderte. Tras este periplo turístico, ya fuimos del aeropuerto, al en tren y luego en tranvía para terminar en el Golden Tulip, que es el hotel al que suelo ir. Llegamos sobre las 11:30 más o menos y, tras dejar las maletas, salimos de allí a ver La Haya.

Más o menos el centro ya lo conozco, así que llevé a Alicia por allí para enseñarle los sitios en los que he estado. Ese día, comimos las típicas “Frites”, un cono de patatas fritas con mahonesa que es típico de la zona. Además, fuimos al mejor sitio, o eso decía su cartel. Tras un paseo, llegamos al hotel, sobre las 18:30, quedándonos dormidos hasta el siguiente día. La verdad es que yo estaba reventado, pues estuve hasta las tantas el último día cerrando todos los temas pendientes y evitar problemas en mis escasos días de asueto.

Frites!, ricas ricas

Frites!, ricas ricas

De La Haya a Calatayud

La semana pasada no pude publicar, pues el mismo domingo 24 tuve que volar a las oficinas centrales para Europa, en La Haya. Dicha semana (la del 18)  fue algo movida, con las presentaciones presentando la nueva familia de productos, aunque por ahora sólo por Madrid y, la verdad, tampoco hay mucho que destacar.

Lo interesante vino a partir del 24, donde tuvimos un par de días de reuniones en La Haya al poder ver a todos los compañeros e incluso alguna estrella invitada. Al igual que la última vez, fuimos (dos personas desde Madrid) en EasyJet pero esta vez no tuvimos retraso, así que llegamos a Schiphol a la hora prevista, sobre las 20:30. Aprovechamos para esperar a los compañeros italianos que llegaban también a la misma hora y cenamos allí mismo, no sea que nos cerraran el restaurante del hotel. Cerca del Burguer King del aeropuerto, hay partes de avión a tamaño real, así que aproveché para unas fotillos:

En la turbina de un avión

En la turbina de un avión

Junto al tren de aterrizaje

Junto al tren de aterrizaje

Tren de aterrizaje

Tren de aterrizaje

Del aeropuerto fuimos en taxi (éramos 4, así que a dividir…) hacia el hotel en La Haya, en total sólo 100 euretes… Sobre todo, lo que es caro es la bajada de bandera. Una vez allí unas copas de bienvenida y a dormir para estar preparado para el día siguiente.

Tras todo un día de reuniones, fuimos a cenar. Nos llevaron a un restaurante muy cerca del Crazy Pianos, muy cerca de los cines Pathé, pero no recuerdo el nombre. La verdad es que la atención no fue nada buena, pues aunque estábamos en mesas separadas de no más de 6 personas, los platos no venían a la vez, obligando a esperar y tomarte lo tuyo frío. Lo gracioso es que fuimos todos (unas 25 personas) en un autobús que luego también nos recogía. La llegada al restaurante no fue mala, pero a la salida, el autobús todavía no estaba y nos tocó esperarlo en el punto de recogida, al lado del paseo marítimo, con un frío como pocas veces he visto. Me quejé del que pasamos en París los días que estuve allí, pero este es todavía peor, pues hacía mucho viento, haciéndolo horroroso. Pregunté a mi compañero de Suecia, y aunque allí hace todavía más frío, no hace viento, siendo más “llevadero”. Sinceramente, no sé qué temperatura hacía, pero las fuentes estaban heladas.

A la vuelta, de regreso a Madrid, el miércoles lo tuve tranquilo, pero el jueves me tocó ir a Zaragoza a visitar clientes. Lo gracioso es que el viernes, que he tenido de vacaciones (¡sí!, vacaciones, pero sólo un día, no vaya a ser que coja el gusto…) hemos ido a Calatayud, al hotel Castillo de Ayud, muy moderno y con un pack muy interesante: SPA y visita al Monasterio de Piedra incluido en precio.

El hotel es muy moderno, de hecho es “gay friendly” (como el famoso hotel de Lisboa al que he ido alguna que otra vez). El parking está todo lleno de graffitis, pero como veréis, no son de los típicos guarreras:

Parking del Hotel Castillo de Ayud

Parking del Hotel Castillo de Ayud

Parking del Hotel Castillo de Ayud (2)

Parking del Hotel Castillo de Ayud (2)

El mismo viernes, por la tarde, tras visitar Calatayud, nos fuimos al spa… yo nunca había estado y la verdad que estuvo bien. Había duchas con “sensaciones” (distintos botones que emulan tipos de lluvias), paseo con piedras (¡qué daño que hacía!, si es que tengo los pies sensibles), jacuzzy (burbujitas por todas partes), piscina con chorros diversos (con mucha fuerza, pero qué bien cuando te dan en la espalda), sauna, máquina de nieve (para frotarte cuando sales de la sauna), baño de agua fría (otra vez más, masoquismo puro al salir de la sauna), baño turco (no se veía nada ahí dentro… todo vapor) y camas calientes para relajarse mirando un techo “estrellado”. Se nos pasó la sesión de spa en un momento y, no sé qué habrá sido, pero ahora tengo hasta la piel más suave.

Por cierto, la vista de Calatayud, fue realmente rápida. Sinceramente, pensaba que era más grande y en un rato andando, vimos bastante (no me atrevo a decir todo pues seguro que nos quedamos sin ver lo mejor, como de costumbre…). Sobre la cena, muy cerca del hotel, está el restaurante “Nueva Mamma Mia“, donde cenamos muy bien…

Al día siguiente, fuimos al Monasterio de Piedra. Había estado hace muchos años y más o menos era como lo recordaba. La visita, de unas dos horas y media y unos 9 km de recorrido merece la pena. Es curios cómo en una zona más o menos seca puede encontrarse tal vergel, con cascadas (una de ellas, con 40m de caída), cuevas y pequeños lagos con aguas cristalinas:

Ruta por el Monasterio de Piedra

Ruta por el Monasterio de Piedra

Aquí podéis descargar la ruta por el Monasterio de Piedra para verla en Google Maps: Ruta por el Monasterio de piedra (KML file).

Para comer, comimos en uno de los restaurantes del lugar, a un precio razonable y con calidad aceptable. Queríamos haber comprado unos imanes para la nevera, como de costumbre, pero esto eran un poco caros… Tras la comida, fuimos también al interior del monasterio, con una visita guiada bastante curiosa.

http://picasaweb.google.com/s/c/bin/slideshow.swf

Finalizando la visita tuve un pequeño problema: una ampolla en el talón derecho. Como el jueves estuve conduciendo al ir a Zaragoza, ya tenía el talón resentido (del pie del acelerador, me he fijado que tras un viaje largo, el zapato me hace daño). La caminata con las botas y los “calcetines lija” hicieron el resto, así que tengo una buena ampolla en el talón. Como la semana que viene la tengo mucho más movida, el domingo no hemos hecho nada para evitar salir de casa (teníamos un café en casa de una amiga que hemos tenido que cancelar) y que nada me roce el talón, estando con las chanclas todo el día.

La vuelta en coche, sin problema, lo único que la A-2, está continuamente señalizada a 100, a 120, a 90, a 120, a 100… llega un momento que no sabes cuál es la velocidad del tramo tras tanto cambio, así que espero que el “camuflado” que estaba estratégicamente escondido no me haya fotografiado por ir a 120 en un tramo de 100.

De puente y en La Haya

Esta semana ha sido especialmente corta y divertida. Tras el puente que ya comenté en el post anterior, el miércoles por la tarde (sí, sólo currando por la mañana) fui hacia La Haya, para un training interno.

El vuelo fue con EasyJet y, si otras veces no he tenido quejas, esta vez ha sido muy malo, pues salió con 40 minutos de retraso.

Vuelo a Den Haag con EasyJet

Vuelo a Den Haag con EasyJet

Se suponía que al llegar a Schiphol, esperaría a mi compañero de Italia, pues él llegaba 20 minutos después que yo, pero fue más bien al revés… me estuvo esperando él, pero con el retraso de salida y un aterrizaje fallido, llegué una hora tarde de lo previsto y él se fue, así que cogí el tren hacia Den Haag solo. Al llegar a la estación, como ya conozco el hotel, el Golden Tulip Bel Air, y sabía que no hay restaurantes cerca, aproveché para cenar en el Burger King de allí. A la salida, esperaba encontrar un taxi, pero ¡sorprendentemente no había ninguno!. Un poco asustado, vi una parada de tranvía justo al lado y gracias al programa Metro que siempre llevo en el móvil y que recordaba de la primera vez que estuve por allí la parada del Museon, así que  resultó que la línea es directa, la 17, sin transbordos. Además, los tranvías tienen un monitor para que veas las paradas y sepas cuándo tienes que solicitar parada.

Al día siguiente, me reconoció en el ascensor un cliente de Bélgica con el que había estado ya en un training anterior y pudimos ir en su coche, pues hacía un día realmente malo, con mucho frío, viento y lluvia… Para comer, como de costumbre, un bocadillo y una sopa típica, pero como siempre, lo mejor viene a la cena.

Esa noche, tras una parada en un cubano donde cayó un mojito, fuimos al “Pastis“, un restaurante francés muy interesante.

Pastis

Pastis

Allí cené una sopa de cebolla (pero sin queso en mi caso) y un steak tartare… sólo algunos de los europeos nos atrevimos con la carne “cruda”. De postre, nada mejor que una Crème Brûlée. Con el vinito francés y los whiskeys (Jameson, por supuesto), alguno acabó cantando a lo Frank Sinatra… De ahí, salimos a un bar justo al lado (nos prometieron que era un Coffee Shop, pero no era así), donde insistieron en hacerme beber una cerveza supuestamente belga. Al final el vaso entró, pero no sin sufrimiento… no soporto ni el olor ni el sabor, en serio, sabe fatal (pero no esa, toda cerveza). De allí a otro bar… está claro que tanto beber tiene que pasar factura (son tres urinarios que por el día son como una tapa de alcantarilla, pero que por la noche emerge hacia arriba):

WC Público

WC Público

Al día siguiente, el training terminó a medio día… de haberlo sabido habría cogido un vuelo de vuelta más temprano, pero no fue posible cambiar nada, así que hicimos tiempo en la oficina y nos fuimos el compañero de italiano y to en tren con calma hacia el aeropuerto. Como él también volaba con EasyJet, estuvimos en el mismo “lounge”, así que al menos no estuve esperando mucho tiempo. Además, una vez que él se fue, pude hablar con la WiFi de KPN con Alicia por Skype, lo que ayudó ha hacer más agradable la espera… ¿espera?, sí, otra vez EasyJet y sus retrasos, esta vez de 40 minutos.

El fin de semana fue tranquilo, aprovechando para cenar y comer con la familia, sin muchos sobresaltos tras esta semana tan intensa.

Otra vez en Den Haag (La Haya)

Esta semana tuve un training en las oficinas centrales de mi empresa en Europa, situadas en La Haya. Pese a ser de miércoles a viernes, fui el martes a primera hora, así que en total he estado cuatro días por allí.

El avión de KLM despegó media hora más tarde de las 6:00 a.m. previstas, bastante temprano, pero con eso me aseguraba a estar allí a las 10:00 como muy tarde. El retraso fue debido a un pasajero algo conflictivo, al cual finalmente no le dejaron volar, pero como sus maletas ya estaban en la bodega, hubo que buscarlas para evitar enviarlas a Schiphol. Al no ser Iberia ni low-cost, sí dan comida, lo que se agradece, pues había salido de casa con tan sólo un colacao y me había pateado todas las terminales para buscar un cajero automático, el cual resultó ser único y de un banco distinto al mío.

Llegado al aeropuerto ya me estaban llamando del curro mientras trataba de sacar un billete para la estación central de La Haya. Como todo está en nerlandés, se hace algo complicado entender los carteles. Ya en el tren, con más tranquilidad, fui disfrutando del viaje ya que las otras veces que lo había hecho, era de noche. Además, como el día era muy bueno, fui andando desde la estación a la oficina. La última vez vi todas las bicicletas en el parking de la estación, pero esta vez me pude fijar con más detalle: no están atadas a nada, simplemente con la rueda trasera bloqueada. Además, les dejan todos los accesorios puestos (alforjas, sillines…). Esto en España es impensable de la cantidad de miserables que, aunque no les valga, son capaces de robar hasta los tornillos.

A lo largo del martes, fueron llegando los compañeros, con quienes finalmente quedamos en el restaurante del Museon, para tomar ya la pimera copita. De allí, ya fuimos a la playa, a un garito muy chulo, con camas en la arena, estilo club de alto standing. Como entrante, nos pusieron como un pan recién hecho, parecido a un torta, con una crema de marisco y aceite y sal para mojarlo. Una vez tuvimos mesa libre, ya nos sentamos para cenar, donde cayó un hamburguesa muy interesante. De allí, nos fuimos al Crazy Pianos, uno de los bares más conocidos del paseo marítimo, con música en directo y dos pianistas. La piña colada no estaba nada mal. Lo único raro del sitio es que cobraban por ir al baño, pero es algo que no estaba especificado, así que, una vez hice uso del baño, al salir me pretendían cobrar, pero al no llevar los 50 céntimos que requería (ya sabéis que no me gusta el “cobre”), me dejaron salir.

Al día siguiente, tras el training, fuimos a cenar a un tailandés, el cual tenía un menú de cuatro platos muy interesante, aunque la sopa picaba bastante. Tras la cena, nos fuimos a una especie de puerto, aunque en realidad se trata de la terminación de un canal donde había barcos relativamente grandes. Allí nos tomamos un cafetito y comenzaron las rondas de Jameson… Lo bueno es que había WiFi gratis, así que pude hablar con Alicia, quien incluso habló con un compañero. Por cierto, para pagar las rondas, recurrimos a la tradición: jugar a los chinos, o como ellos los llaman, al “spoofing”.

El jueves fue la traca final: cenamos en una marisquería: de primero crema de langosta y de segundo un solomillo para ponerse a llorar: era como cortar mantequilla con un cuchillo caliente. De postre, poco sitio me quedaba, así que un cafetito irlandés (con Jameson, por supuesto). Siguiendo la tradición, otra vez el spoofing… quedé “finalista”, pero me libré en el último momento. Al jefe del compañero que le tocó pagar, le enviamos todos a la vez un SMS dándole las gracias por la excelente cena. Al salir de allí, nos fuimos a la playa, pero esta vez muy alejada de la cuidad, a un chiringuito con muy buena música ambient, con pequeñas antorchas de queroseno y unos buenos sofás para sentarse. Como de costumbre, los Jameson empezaron a correr como el agua. En la última ronda, ya exigí un red-bull, que aunque tiene mucha cafeína, también tiene vitamina B-12 que ayuda a “quitarse de encima el alcohol”. Una vez en el hotel, yo me quedé, pero otros compañeros, por aquello de ser la última noche, decidieron seguir de fiesta.

Al día siguiente, despertarse fue duro, pues además tenía que preparar la maleta para salir directamente de la oficina al aeropuerto. Hubo un compañero que se durmió, aunque pensábamos que el segundo mojito le había causado la muerte. Al llamar a su habitación desde recepción nos confirmó que seguía vivo, pero tuvo un parpadeo un poco largo entre que le sonó su despertador y recibió nuestra llamada preguntando por él.

De la oficina salimos cinco hacia el aeropuerto en taxi, pues aunque es caro a rabiar, al ser cinco, no sale mucho más caro que en tren. Una vez allí, traté de cambiar mi vuelo, pues llegamos a las 17:00 y mi vuelo salía  las 20:55… Al final, debido a una conference con un cliente a última hora, no cambién el vuelo, lo que me dio tiempo a ver con calma el aeropuerto y jugar al “Día del Tentáculo” en el scummvm del móvil. Con tanta espera, evidentemente fui el primero en entrar al avión tras la gente preferente/business y las familias con niños pequeños. Además, venía el avión lleno de niños de varios equipos de fútbol filipinos, con unas pedazo de bolsas con todas sus cosas.

Cuando ya parecía que estábamos a punto de aterrizar, justo antes de tomar tierra, ya encima de la pista, el avión volvió a acelerar y subió de nuevo, haciendo una pasada estilo TopGun por la pista. Dimos la vuelta por encima de Alcalá para volver a enfilar la pista, donde a la segunda llegó la vencida. Había un poco de viento que dificultó el primer aterrizaje.

Una vez en tierra firme, pitando hacia el parking a por el coche y a casa, a vegetar y reposar, que tras tanto movimiento ya venía bien.

Las fotos, como siempre, a continuación:

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Den Haag y London

Esta semana he tenido un training interno de la empresa. Para ello, he tenido que ir a la sede para Europa en La Haya (Den Haag).

El vuelo, mucho más barato haciendo escala en Londres, fue el miércoles por la mañana, con British Airways hacia London Gatwick. En el camino, con la BA te dan un pequeño almuerzo, pues el vuelo era desde la T4S (esa sí que es multicultural: vuelos a Sudamércia, África…) a las 12:00. Además, como iba casi vacío, nos dejaron repetir.

Poco antes de llegar a Reino Unido, con la costa a la vista, unas turbulencias bastante movidas le dieron un poco de vidilla al vuelo. Uno de los asistentes de vuelo cayó contra los asientos y el aparato dio un par de bandazos estilo montaña rusa, pero bueno, quedó en un susto y la demostración que ahí arriba, el avión está a merced de todo.

Al llegar a Gatwick, tocó cambio de avión, así que buscando desde dónde salia el mío, pues no decía en el billete a qué terminal ir, tocando preguntar si a Amsterdam se sale desde la terminal North o la South. Previo control de seguridad desde la zona de tránsito, me dejaron pasar al Lounge donde esperar para ver a qué puerta ir.

Una vez en el avión de la British hacia Ámsterdam Schiphol (esjifol, como lo pronuncian), resulta que la tripulación es la misma y cuando me ve el azafato (en la recta hacia su jubilación) me reconoce y me pregunta si he ido desde Madrid. Explicado el porqué me veía dos veces ese día, continuamos el vuelo.

El vuelo desde Londres a Ámsterdam dura poco más de una hora. Al llegar a Holanda, se puede ver cómo donde no hay edificaciones, los campos se ven encharcados. Aquello me recordaba a las típicas imágenes aéreas tras una inundación.

Una vez en el aeropuerto de Schiphol, toca pasar el control de seguridad, que es un poco más estricto incluso que Londres, ya que preguntan a qué vas, cuánto vas a estar… Lo curioso es que a la salida también (y entran ganas de decir que te has cansado de fumar porros y por eso te vas).

Como tengo que ir a La Haya y el taxi es prohibitivo, cojo un tren que sale desde el propio aeropuerto. Al llegar al anden, me pareció ver un Den Haag y ahí me metí, a lo loco. Al ponerse en marcha, me entraron las dudas y tocó tirar de GPS para ver por qué vía iba y en qué sentido. Al final, todo bien y llegué a la CS (Estación Central). Al salir, el aparcamiento de bicicletas es inmenso, no cambe ninguna… ¿cómo reconocen cuál es la suya?, ¿estando todas tan apelotonadas cómo la sacas?.

En taxi llegué al hotel. Allí, la bajada de bandera son 7.5 y durante un buen rato no cuenta el taxímetro. Además, mientras estás parado se ilumina otra luz que imagino que será la tarifa de parado. El check-in en el hotel, sobre las siete y media, como siempre, sin problemas, pero por si acaso, lo llevaba todo bien impreso.

Para cenar, pregunté en recepción dónde, además del restaurante del hotel, podría ir. Me dijeron cómo llegar a una calle comercial, así que fui para allá esperando ver un McDonald’s o similar, pero nada, lo único abierto a esa hora y familiar eran un par chinos. Por fin de decidí por uno, pero la carta. además de chino, venía en ¿nerlandés?, así que, menos mal que tenían una carta en inglés y me recomedaron bien qué podría pedir para cenar: unos noodles con carne.

A la vuelta, andando con calma, vi unos detalles curiosos de las casas: muchas tenían mástil, como para poner una bandera. Las ventanas son muy grandes y no tienen cortinas (se lo pregunté a los compañeros al día siguiente y me confirmaron que es famoso el no tener cortinas. Parece que mucha gente, en vez de ir a ver escaparates, va a ver casas). Luego están los canales que se pueden ver en alguna calle, el tranvía (mejor no excavar para hacer metro). A la vuelta al hotel pude ver que está al lado de museo de ciencias, pero a las nueve de la noche, es como las tres de la mañana en España, pues todo está cerrado y sólo tú vas andando por la calle.

Al día siguiente, sobre las ocho tocó ir al curso. Lo da un compañero que ha venido de la sede central, de Estados Unidos, así que con el jet lag (9 horas de diferencia) estaba un poco incómodo. A las doce de la mañana, a comer: un catering trajo una especie de sopa verde muy densa con trozos de salchicha y verduras, además de unos bocadillos diversos. El problema de comer tan temprano, es que a las tres y media parece que ya son las siete.

Sobre las seis de la tarde terminamos la sesión y a cenar. Pensaba que iríamos a algo típico (al Crazy Pianos, por ejemplo), pero no, a un mexicano. Tras explicarles que la cerveza Corona en España se llama Coronita, pedí un pollo picante. A las ocho ya habíamos terminado y estábamos de camino a un Cubano a tomar una copichuela (qué fallo no haber pedido un mojito y pedir cocacola).

A la vuelta al hotel, trasnochando, sobre las nueve de la noche, lo hice en tranvía, cogiendo el 14. Es un poco caro, 2.45 euros el ticket que como no lo entiendo, no sé si es por un viaje o por todo el día. El travía me dejó en el museo que está pegando al hotel.

Al día siguiente más de lo mismo, tranvía hacia la oficina y curso. Al terminar, como mi vuelo no salía hasta las nueve de la noche, me quedé un rato aprovechando el Internet y terminar unos temas, además de poder ir de copas (una cocacola) con los compañeros en un bar cercano. Dicho bar, tenía una escalera llena de zapatos con regalos dentro, y es que en Holanda, celebran San Nicolás, que es el día 5 de Diciembre.

Para ir a la estación, aproveché que en un cuarto de hora andando se llegaba para ir tranquilamente haciendo turismo y tratar de ver algo más, además, ese día no nevó como el anterior, así que no hacía tanto frío. Un problema de estos dos días allí es que tanto a la ida a la oficina como la vuelta era de noche, así que las fotos que tengo son muy oscuras y con mucho ruido, además de movidas.

Una vez en el aeropuerto, pasé el control de pasaporte, pero nada de enseñar el portátil, arco de seguridad… pero esa comodidad no sería eterna, pues aquí los tienen justo antes de entrar al avión, lo que no me queda claro es cómo diferencian si la botella de Bombay Sapphire la has comprado dentro o la traes de casa…

Como es viernes y el vuelo hace escala en Londres, ¿por qué no pasar el finde con Alicia?. Dicho y hecho, Alicia ya me estaba esperando en la nueva terminal 5 de Heathrow, desde donde fuimos en el tube hasta Finchely Road y de ahí al estudio en bus. Llegamos cerca de la una de la madrugada. Ya sólo me falta el aeropuerto de London City.

Al día siguiente, un poco de turismo a ver lo que me faltaba por ver: el Borough Market (lleno de todo tipo de comida), London Tower y Tower Bridge. De allí, fuimos a comer a un pub, en Liverpool Street y al museo de ciencias para ver lo que no pudimos del fin de semana anterior (pues me llamaron del curro y tuve que salir pitando). Al cerrar el museo (a las seis de la tarde), para evitar la avalancha humana en el transporte público, nos fuimos a tomar un café tranquilamente para hacer tiempo. A la vuelta, desde South Kensington, todo tranquilo salvo la zona de Harrod’s, que está de bote en bote, lleno de gañanes en medio de calle haciendo fotos que no temen a los mastodónticos autobuses de dos plantas.

El domingo, como el vuelo es a las siete de la tarde y hay que salir, como pronto a las cuatro, mejor quedarse por la zona, así que fuimos a Golders Green y comimos en un hindú que no estuvo mal. De ahí, se coge el A6 hacia Standset de National Express y en una horita en el aeropuerto, que estaba de bote en bote.

Como vamos con mucho tiempo, hasta ahora no hemos tenido problemas, pero había españoles que habían perdido el vuelo y estaban un poco enfadados… lo peor es que se quejaban que no había carteles en español. Por suerte, cogí el vuelo el domingo, pues hoy, lunes, ha estado cortado el aeropuerto por unas protestas y han cancelado bastantes vuelos.

Aquí podemos ver unas fotos de esta interesante aventura por La Haya:

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Y unas fotos de Londres:

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