Fotos de Abejar

Alicia, en su blog ha publicado ya las fotos.

En breve, subiremos algún vídeo.

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Desde Abejar (y VI)

Al final, nos hemos venido antes de tiempo. Pesábamos que Soria nos daría más jugo, pero, como habéis visto a lo largo de esta serie de entradas, ¿qué más nos queda por ver?.

Aprovechando la vuelta, hemos pasado por Medinaceli, que, no está mal, pero le falta conservación. Hay edificios, como el Palacio Ducal que se cae a trozos y el Beaterio está totalmente destruido por dentro, sólo queda la fachada.

Siguiendo con la ruta, fuimos a Brihuega, donde nos dijeron que el cabrito al horno lo hacen muy bien en determinado sitio y que entra en el menú… pues bien, al entrar, el comedor totalmente setentero, con gente que no parecían gourmets precisamente. Al final, un menú bastante malo, de los que tienes que echar sal a la sopa para que sepa a algo, a precio de Madrid, todo un timo. No volveré a fiarme de las recomendaciones que digan cosas como “… el cabrito entra en el menú …”.

Desde Abejar (V)

Hoy, por fin, ha tocado ir al Cañón del Río Lobos.

En el instituto, hace algunos años, nos llevaron de excursión. Tenía muy buenos recuerdos, pues quizás fue el primer “senderismo” que hice.

Comenzamos con el Puente de los Siete Ojos, donde a un lado está la provincia de Soria y al otro la de Burgos. Lo recordaba más grande, pero realmente es bastante pequeño, eso sí, con sus siete arcos u ojos.

De allí, fuimos al Centro de Interpretación, o Casa del Parque, en Ucero, para que nos den mapas, además de aprender sobre la fauna que nos íbamos a encontrar una vez dentro de cañón.

Siguiendo la ruta indicada, llegamos a la ermita de San Bartolomé, contruida por los Templarios, pasando entre las paredes casi verticales, de origen kárstico. En ellas, hay socavones y, justo enfrente a la ermita, una cueva, que intentamos explorar, pero la luz escasea y tampoco es momento de hacer tonterías.

Mientras los buitres hacen círculos aguantando las corrientes térmicas para no tener que aletear, seguimos el camino, profundizando en el cañón. Pudimos ver un ratoncillo, una rata de agua y un ciervo, que se quedó mirando justo el tiempo que tardó Alicia en coger la cámara, momento en el que desapareció.

De vuelta, pues no lo hicimos entero, son 25 Km, subimos al mirador de la Galiana, desde donde ver el tramo final del parque. Mientras comíamos, los buitres pasaban, aprovechando las corrientes, tan cerca, que podías oir el ruido que hacen al rozar con el aire, muy parecido a una cometa con viento ligero, alguno aleteaba, pudiendo escuchar también este movimiento.

Nuestra siguiente estación fue El Burgo de Osma, cuyo centro histórico está muy bien cuidado, con su muralla, foso, Catedral (en la que cobran por entrar), plaza… hay una calle, con sus soportales, que me recordaba a la Calle Mayor de Alcalá de Henares. En la plaza pudimos comer Torta del Beato, de la que dicen que el pecado es no probarla. La verdad, era un bizcocho normal, con azucar molida encima, pero bizcocho (de limón).

De vuelta, como nos quedaba un camino rural que recorrer en el mapa, por ahí fuimos a Muriel el Viejo, pasando por Cubillos, un pueblo abandonado y fantasma.

Finalmente, llegamos a la ermita de La Blanca Corona y de ahí, vuelta al hotel.

Desde Abejar (IV)

Hoy ha tocado ir de senderismo.

Primero hemos ido a la Laguna Negra, por donde hemos merodeado un rato. Ahora hay un camino hecho, para que nadie se salga y estropee la vegetación. De allí salía una ruta hasta el Pico de Urbión, pero se hace entre rocas sueltas, lo que no da mucha seguridad.

El siguiente destino fue Santa Inés, donde hay una estación de ski, aunque sin nieve todavía y la carretera… a 20Km/h todo el rato.

Para continuar, pasamos por Montenegro de Cameros, un puebo metido entre montañas donde apenas se escuchaba la radio en el coche.

Seguimos con Viniegras, de Arriba y luego de Abajo, donde paramos para comer… estuvimos cerca de una hora sin cruzarnos con nadie (la carretera era continuación de la anterior, así que, seguiamos yendo a 20). Cerca de Viniegras de Abajo, en una zona de recreo a la orilla de un rio, aprovechamos para comer. Por cierto, en todo este trayecto, tuvimos que parar varias veces, pues había vacas o ovejas en mitad de la carretera.

El viaje continuó hacia Mansilla, donde hay un pantano que abnegó el puebo, con una central hidroeléctrica… qué vértigo da mirar desde lo alto de la caída del agua. Como no ha llovido mucho, se veían los restos del pueblo.

El siguiente destino fue Neila, donde hay otras lagunas. Tuvimos que preguntar, pues no está señalizado (pero si viene en el mapa que nos dan en el hotel). Es curioso, hasta que no llegas a la laguna, no se ve, lo que da la sensación de andar para nada, aunque luego viene la sorpresa.

De Neila, a Quintanar de la Sierra y finalmente a Castroviejo, donde hay unas rocas estilo Ciudad Encantada de Cuenca y un mirador, desde donde ver Duruelo de la Sierra.

Ya de noche regresamos al hotel. Como llevamos días cenando de sandwich, nos fuimos al bar del pueblo, donde nos hicieron unos huevos fritos de agraceder.

Desde Abejar (II)

Hoy, como es sábado, y suele estar todo petado, hemos ido a Soria… puestos a ver gente, vayamos donde siempre la hay.

El el hotel, nos han dado una indicaciones de qué ver, así como un pequeño mapa, por lo que todo lo que habíamos preparado de la wikipedia (un montón de papeles que Alicia había estado imprimiendo) y otras webs de turimos no nos hizo mucha falta.

Empezamos la visita a Soria por el monasterio de San Juan de Duero, donde se puede ver los arcos de un claustro ya en ruinas, perteneciente a la orden de los Hospitalarios.

Luego fuimos a la ermita de San Saturio, construída en plena roca a las orillas del Duero. Es como una cueva, con sus habitaciones, escaleras para ir a otra planta…

De vuelta al centro, intentamos ir al Parador, pero entre la señalización y que el TomTom no lo tengo actualizado, la cosa se nos hizo imposible. Hubo incluso un momento, en la Soria profunda a donde nos llevó el invento del infierno, que pensé que el coche volcaba al girar en un calle con gran pendiente.

Al fina, dejamos el coche en un parking, mucho mejor que en cualquier sitio por ahí, así que, ya andando empezamos a recorrer el casco histórico.

Comenzamos por la Iglesia de San Juan de Rabanera, pero estaba cerrada, aunque a última hora, antes de irnos de Soria, la vimos abierta, con un guía de los más peculiar, pues se enfadó por no estar atendiéndole… y que luego nos cobre.

Continuamos con la Alameda de Cervantes, un parque como cualquier otro, aunque con ermita incorporada. Frente a éste tenemos el Museo Numantino, al que pudimos entrar gratis por ser sábado.

Para comer, como estamos en modo “costra”, buscamos un chino, pero al preguntar a una señora mayor dónde podría haber uno, no dejaba de hablar, y como encima le caía de paso… menos mal que con la excusa de un semáforo en verde, nos pudimos deshacer de ella.

Continuamos con la Iglesia de Santo Domingo, donde vimos unas monjas en el altar rezando… no sé si estaban dormidas o eran maniquíes, porque no se movían nada de nada.

Tras ver algún que otro monumento y la Plaza Mayor, decidimos irnos, no sin antes explorar un poco, siguiendo cualquier señal de sitio de interés turístico.

Así, pansando Abejar, nos dirigimos a Molinos del Duero, buscando la Playa de Pita, en el Pantano de la Cuerda del Corzo. La orilla es de arena fina y el agua cristalina, aunque muuuuy fría.

Tras pasar por Molinos y ver unos lugareños cortando leña para el invierno, nos volvimos al Hotel para terminar el día.

Ahora toca un poco de jacuzzi, que ya nos han explicado cómo darle a las burbujillas.

Desde Abejar (I)

Ya estamos en Abejar (palabra aguda, “abejár”, a mitad de camino del Cañón del Rio Lobos, Soria y La Laguna Negra.

Estamos en el hotel La Barrosa. Se come muy bien, pero tampoco a precio de pueblo… aunque claro, imagino que el pato es caro.

La habitación es muy nueva, suelo de tarima, no hace en absoluto frío, el colchón es durito… Lo único raro es que no hay bidé (o como se escriba).

A diferencia de otros hoteles rurales (pues éste lo hemos sacado de Toprural), tiene un pequeño spa: piscina climatizada, jacuzzy y sauna. También tiene gimnasio para los deportistas.

Hoy, a modo de primer día hemos dado una vuelta por el pueblo, donde nos han confirmado que no hay ningún cajero automático, por lo que el único sitio donde pagar en “plástico” es la gasolinera.

Eso es todo por hoy, en próximos días más